Literatura infantil
Me hizo darme cuenta de que la literatura infantil no es “leer por leer”. Es abrir puertas a la imaginación, al lenguaje, a las emociones y hasta a los valores. A través de los cuentos, los niños entienden el mundo, ponen nombre a lo que sienten y se identifican con personajes que viven situaciones parecidas a las suyas. Un cuento puede ayudarles a gestionar el miedo, los celos, la llegada de un hermano o simplemente a entender que cada persona es diferente.
También reflexioné sobre la importancia de elegir bien los libros. No todo vale en infantil. Las historias deben ser adecuadas a su edad, con ilustraciones que acompañen el texto, lenguaje claro y mensajes que sumen. Las imágenes, los colores y el formato son casi tan importantes como la historia en sí, porque en estas edades la parte visual tiene muchísimo peso.
Otro punto clave fue entender que la forma de contar influye tanto como el contenido. La entonación, las pausas, la expresión facial, el ambiente que creamos… todo eso hace que el momento del cuento sea mágico. Si la maestra lo vive con emoción, los niños lo sienten. Y cuando un niño se queda mirando con atención, sonriendo o reaccionando a lo que ocurre en la historia, sabes que algo está pasando por dentro.
Como futura docente, esta charla reforzó mi idea de que la literatura debe estar presente todos los días en el aula, no solo como rutina antes de irse a casa. Los cuentos pueden ser el punto de partida para trabajar emociones, proyectos, valores, creatividad, expresión oral e incluso el juego simbólico.
Me quedo con la sensación de que fomentar el amor por los libros desde pequeños es un regalo que les acompañará toda la vida. Porque un niño que disfruta de los cuentos es un niño que imagina, que piensa y que siente. Y eso, en educación infantil, lo es todo.
Comentarios
Publicar un comentario